¡ Mamá, papá, tengo miedo !

 

Los miedos en la infancia son un fenómeno muy común que es expresado de forma equiparable en niños de todo el mundo. Los miedos, acompañan al niño a lo largo de todo su proceso de desarrollo y, normalmente, van desapareciendo de forma natural en función de la edad y el estadio evolutivo en que se encuentre.

 



¿Cuáles son los miedos que podemos esperar en función de la edad del niño?

 

Pero, ¿es el miedo en sí mismo un enemigo para nosotros?
 

En realidad, el miedo actúa en las personas, tanto en la infancia como en la edad adulta, como una alarma psicológica equivalente al dolor que nos sirve para adaptarnos al entorno cambiante en el que vivimos. Se trata de un fenómeno evolutivo que forma parte de nuestro correcto desarrollo psicológico ya que su función principal, en este caso, es ayudarnos a reaccionar ante situaciones o estímulos potencialmente amenazadores o peligrosos.
 

Imagínese que se dispone a cruzar la calle estando en verde el semáforo para los peatones y, de repente, se aproxima hacia usted un coche a toda velocidad. En cuestión de segundos, el ritmo de sus pulsaciones se acelera, la sangre de su cuerpo se moviliza y se dirige a las extremidades para que usted pueda moverse con mayor velocidad, aumenta su nivel de sudoración, y su cuerpo está preparado para reaccionar. Entonces, se da cuenta de que, no sabiendo ni cómo, ha dado un salto que le ha ayudado a esquivar el coche. Un salto que, en condiciones normales, no sabe si podría haber dado tan fácilmente. Esto es, en una situación en la que su integridad física estaba en riesgo, el miedo ha actuado como nuestro aliado, como un mecanismo protector que nos ha ayudado a tener una reacción rápida y eficaz ante el peligro.
 

Hay ocasiones, como la descrita anteriormente, en que los miedos aparecen por causas justificadas, pero otras veces, esa activación fisiológica que experimentamos ante una situación de peligro real, se desencadena ante situaciones que no suponen una amenaza para nosotros, y es entonces cuando el miedo se convierte en un problema. 

 

 

¿Cuándo debo empezar a preocuparme?

 

  • Si observo que mi hijo tiene una reacción de miedo desproporcionada ante estímulos que no suponen una amenaza real para él.

  • Si, ante estímulos aversivos (como un análisis de sangre o una visita al dentista), mi hijo tiene una respuesta excesiva en cuanto a intensidad.

  • Si compruebo que los temores de mi hijo suponen un alto nivel de sufrimiento para él.

  • Si el miedo que sufre mi hijo interfiere en su vida personal, académica, social o familiar.

  • Si el miedo de mi hijo, no desaparece de forma natural al compás de su crecimiento y desarrollo evolutivo.

  • Si las reacciones de miedo que presenta mi hijo, van más allá de su control voluntario.

 

 

¿Cuándo debo acudir a un profesional?

 

Recuerda, si tu hijo/a experimenta algún tipo de miedo con una frecuencia, duración o intensidad desproporcionada o diferente a lo que es esperable para su edad, y esto está impidiéndole llevar una vida normal, no dudes en consultar con un profesional de la psicología. 


Marifé Sánchez Lucas
Psicóloga Centro Saraena

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